
¿Iluminación?
Por Ana Mungaray
Perseguir la iluminación sin entenderla realmente me parece un acto sin sentido.
Primero hay que entender que la iluminación se trata de la toma de consciencia, y no la que se adquiera a partir del conocimiento intelectual, sino aquella que nace del entendimiento de la vida desde darnos cuenta de cosas que damos por hecho como humanidad.
La primera consciencia y la más importante a trabajar, es la del autoconocimiento. Si yo sé quién soy, si conozco mi historia, mis razones, miro dentro de mis heridas e indago en mi esencia, entonces me puedo comprender. Porque cuando me comprendo, me entiendo, me acepto y me amo como tal. Y solo cuando me ame realmente seré capaz de amar aquello que está fuera de mí.
Pero si huyo de mi persona, de mis heridas y de mis sombras y pretendo ir por el mundo buscando alicientes para no enfrentar el dolor de la vida que encarno, jamás haré consciente la razón de mi existir y, por lo tanto, nunca alcanzaré mi iluminación personal.
Cuando soy consciente de mi ser, de mi esencia, de mi complejidad y mi totalidad, puedo ser consciente de todo lo demás.
Es como si se mantuviese encendida una luz en todo momento y en todo lugar y entonces puedo verlo todo. Darme cuenta de aspectos que antes ni siquiera era capaz de considerar y desarrollar una mirada más amplia, más completa, más profunda y detallada, precisamente porque la luz con la que estoy mirando todo es una luz que emana de mí.
La iluminación no es inalcanzable ni elitista, está disponible para todo aquel que esté dispuesto a conectarse con su ser, con su esencia, con su totalidad. Pero el camino, aunque aparente ser sencillo, se vuelve una elección de valientes. Porque pocos son los que deciden bajar a su infierno y salir intactos por cuenta propia de él.
Y es que además el trabajo es eterno, interminable, poco convincente, pero sumamente entusiasmante. Sostenerlo es la clave.
Iluminarse no consiste en cerrar tus ojos hasta esperar a que un ser supremo se postre frente a ti, sino a cerrarlos precisamente para dejar emerger tu propia grandeza, arriesgándote a perder los escudos que le impiden estallar en tu interior. Conocerte, escucharte, observarte y rendirte a ti siempre es una buena opción.
P.D. No temas al vacío, porque el vacío es potencia pura... la antesala a toda plenitud.
